Abr 272012
 

Este si es mi ATLETI, y así se consiguen las cosas, con sufrimiento, con agonía, con tensión… y así se saborean mejor.

La primera parte no se muy bien como definirla. No fuimos capaces de salir se nuestro campo y el asedio a la portería del Belga (por cierto, parece que se queda otro año) fue continuo y asfixiante. Ya no quedaban uñas que morder y el fantasma de la “cagada” habitual planeaba demasiado cerca de una entidad que ha sabido elevar el apodo del “PUPAS” a la máxima expresión. Es cierto que ocasiones clarísimas tampoco hubo en demasía, pero el histórico de nuestra defensa, obliga a pensar que cualquier medio ocasión, es una oportunidad de gol demasiado evidente para el rival, sea quien sea este.

Tuvo que ser el Cholo quien en el descanso les explicara lo que es ser del ATLETI, el orgullo que debían de sentir de pertenecer a ese sentimiento, y de darles las fuerzas necesarias para otorgar a esta afición del premio de una final europea.

La segunda mitad comenzó con un aroma diferente y la presión ya no era tan afiliaste. Ademas, los contragolpes atléticos amenazaban con finiquitar la eliminatoria. Y fue así, en un balón largo para Adrián, como el asturiano pego al balón con el alma de 45.000 sufridos seguidores y lo cruzo a la escuadra contraria, ganándose así el derecho a volver a disputar una final y brillar de nuevo entre los grandes.

De ahí al final, poco mas que contar, salvo la metedura de pata de Thiago, que no jugara la final por una tangana con el “Makarra” de Soldado, pero que hizo que el crono transcurriera con tranquilidad hasta el final del partido.

Llegados a este punto, y como decía un grande, las finales no están para jugarlas, sino para ganarlas, así que por mucho que el Bilbao sea el equipo de moda, que los leones hayan eliminado al Manchester (equipo b) y al Shalke del repudiado madridista Raúl, debemos imponer en Bucarest nuestra experiencia y jerarquía de ser lo que fuimos.