Ago 182011
 

Te levantas de la cama al día siguiente de la JGAA y te encaminas tambaleando hacia el baño. Te pica la barba, no eres capaz de mantener los dos ojos abiertos a la vez y la cabeza se comporta como si estuviese dentro de una lavadora. Enciendes la luz y un repentino pinchazo te recuerda lo que es una jaqueca. Te miras en el espejo y solo eres capaz de decir:

– Menudo tablón …

 

No, no es que me dedique ahora a la carpintería, es la expresión que usábamos en el pueblo cuando después de una noche repleta de copas, te levantabas con una resaca tres pares de pelotas. Eso sí, casi siempre era otro el que te lo decía.

Pero lo peor del tablón está por venir. Te sientas en el sillón de filosofar (roca blanco casi siempre), te enciendes un cigarro y todos los de la noche anterior tratan de salir de los pulmones a la vez. Con semejante escandalo comienza el peor dialogo que novelista alguno pudiera escribir:

– tas curioso.

– egque anocheee…

– si si, anoche, vamos lo de siempre..

– queee nooo, que me lié …

– tu es que te lías hasta en un velatorio. No te da vergüenza acostarte a esas horas y en esas condiciones.

– pero cari …

– ni cari ni gaitas, que no tienes 15 años

– pero si solo me tome un par y además fue en casa, que no salí

– si, un par de docenas y te fumarias 3 paquetes

– 2

– lo mismo me da. En qué condiciones vas a ir a trabajar hoy?

– me ducho y me recupero …

– seguro, y esta noche como hay partido, te irás al bar con esos golfos

– pero cari …

– que no hay cari que valga, además hoy tienes que ir a buscar a tu suegra y a los niños

 

Boom. Explosión nuclear en el baño. Se te cae encima todo. Media vuelta de estómago que provoca un repentino alzamiento del trono con giro de 180 para meter la cabeza donde antes tenías el culo. Las dos últimas copas salen corriendo diciendo JULIAAAA

Te recompones, te duchas, juras en arameo por la repentina salida de agua para pelar pollos de la ducha seguido de un chorro proveniente directamente desde el ártico. Te afeitas como puedes. Te preparas de desayuno un espidifen. Y te piras a currar.

Ya en el ascensor piensas que esto de quedarse de “rodriguez” ya no mola como antes, sobre todo cuando te das cuenta de que llevas media hora hablando solo.