Nov 252009
 

“Un repartidor de pizzas entrega todos sus pedidos pese a un intento de atraco y varios impactos de bala…….”

No tenemos muy claro si se trata de una noticia triste, de una noticia que dá esperanza, de una noticia que nos hunda un poco más en el pozo o por el contrario si se trata de una noticia en clave de humor. Analicemoslo.

Podríamos pensar que cómo está el mundo como para atracar a un pobre repartidor de pizzas e intentar arrebatarle el “botín” a base de balazos, bastante triste pensar que la vida de un hombre vale una pizza.

En clave de esperanza, sobre todo para los empresarios, que leyendo este titular podrían recobrar la confianza perdida en sus trabajadores, de los que tienen el concepto de vagos, escaqueados y poco implicados en sus trabajos.

Por otro lado, si pensamos lo que tiene que hacer un trabajador para salvaguardar su puesto de trabajo, recibir balazos y aún así verse en la obligación de concluir su labor por miedo a que se pueda usar como excusa para rescindir su contrato, alegando pereza, esto nos podría llevar, sin remisión, a caer en profundas crisis

Aunque también lo podríamos leer en tono de humor e imaginarnos al típico telepizero, de los que normalmente van a 150 km/h y que no paran en los semáforos en rojo con un motivo justificado, física elemental, a esa velocidad la moto pararia, pero el repartidor saldría propulsado por encima de la moto debido sobre todo al peso del casco,  apretando la oreja a su vespinillo, esas vespinillos que estando en tu casa esperando la pizza que has solicitado ya la oyes según sale de la tienda que está a 20 manzanas, pero bueno no nos perdamos, teníamos al telepizero apretando la oreja a su motillo para entregar esa pizza mediana con pepinillos y doble de orégano, por las calles del Bronx y al doblar una esquina se encuentra una banda de robapizzas, con sus mejores tiradores apostados a ambos flancos de la angosta calle, Se les ve seguros de sí mismos al observar el endeble vehículo que transporta tan importante mercancía. Entonces el motorista, al darse cuenta de la situación, decide girar un poco más el puño del acelerador, un gesto que podría parecer ridículo para cualquiera que vea esas motos paradas, pero que increiblemente hace que la mezcla se vuelva un poco más pura y pase de repente de 2,5 cv a 2,57 cv. Vale, podría parecer insuficiente, pero no lo pensaríais si viérais a esa moto como caballo desvocado indomable para el mismísimo Lucca Cadalora, pero que en manos del telepizzero alcanza la hipervelocidad sin demasiados esfuerzos. Entonces los robapizzas, sin salir de su asombro, comienzan a disparar sus armas de repetición formando en un momento una cortina de balas. La escena que se ve a continuación se puede asimilar a las mejores de Matrix, el telepizzero esquivando balas con movimientos propios de Sakira bailando la lambada recorriendo así los 600 metros que le separan de la calle siguiente, cuando llega a la esquina y tiene que tocar ligerísimamente el freno para no estamparse contra el kiosko, la última bala perdida consigue impactarle en un costado. No obstante, teniendo en cuenta que las chaquetillas de telepizzero son de plástico del bueno, la bala sólo consigue rozarle causándole una herida superficial, de la que brota un pequeño hilillo de sangre, que obviamente, se canaliza hasta la cesta donde se encuentra el objetivo no alcanzado por la banda de atracadores.

Como ya hemos comprobado por el titular, el pizzero consigue entregar su pedido, a tiempo, lo que le reporta la nada despreciable cantidad de 50 céntimos en concepto de propina y lo que es más importante, la sensación del deber cumplido.

La moraleja fácil sería “lo dura que es la vida del repartidor” pero yo voy más allá y lanzo una reflexión: ¿daría saltos de alegría, el que recibió la pizza, pensando que se la dieron con extra de tomate sin cobrárselo?.